viernes, 7 de octubre de 2011

El papel moneda destruye la división internacional del trabajo

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por Juan Ramón Rallo

Juan Ramón Rallo Julián es Director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana (España).

Los defectos del dinero fiduciario frente al patrón oro son numerosos, pero podríamos resumirlos en dos: es un pésimo depósito de valor y un mal medio internacional de cambio. Lo primero se observa en su secular inflación, lo segundo en las notables fluctuaciones de los tipos de cambio.

Han sido muchos los economistas que, sin embargo, han considerado que precisamente por estos dos defectos el dinero fiduciario resultaba preferible al oro. A saber: el mejor dinero es el peor dinero. Elemental ataque a la lógica que justificaban diciendo que el mal dinero es más manipulable a la hora de implementar políticas monetarias y cambiarias que permitan estabilizar la demanda interna y externa.

No es lugar aquí para insistir en todos los problemas que rodean a estas ideas. Tan sólo me gustaría insistir en cómo el fenómeno del dinero caliente echa por tierra tan ingenieriles conclusiones.

¿Qué es el dinero caliente? El capital que huye de un país y se refugia en otro por temor a ser expropiado, ya sea mediante altas inflaciones, devaluaciones, quitas bancarias y de deuda pública, etc. Estas fugas masivas de capitales por asuntos monetarios o crediticios —este asilo económico— carecían de sentido bajo el patrón oro. Si se temía inflación, devaluación o quitas, lo que hacían los agentes económicos era simple y llanamente sacar su oro del banco y atesorarlo hasta que la situación se estabilizara (consumadas o despejadas las amenazas).

El capital no salía del país por el simple motivo de que el oro era la reserva de valor última fuera del alcance de los políticos. Precisamente porque el metal amarillo era un buen depósito de valor, los agentes lo utilizaban para desempeñar este papel en tiempos de incertidumbre dentro de sus sociedades.

Con el dinero fiduciario, la única manera de proteger el patrimonio frente a perturbaciones monetarias y crediticias es sacando el dinero del país para convertirlo en activos extranjeros, incluyendo el dinero fiduciario de mejor calidad de otros bancos centrales. Como consecuencia de esta fuga de capitales, el papel moneda nacional se deprecia abruptamente y el papel moneda extranjero se aprecia de manera exagerada.

Esta apreciación del dinero fiduciario foráneo provoca serias dificultades para la economía receptora de capitales, pues la apreciación del valor de su divisa mata a su industria exportadora (en especial, a aquella que utiliza factores internos) y, a su vez, perjudica a las industrias nacionales que dependieran de la importación de bienes extranjero. Dicho de otro modo, la entrada masiva de capitales da lugar a un reajuste extraordinario de la división internacional del trabajo.

El país con moneda fuerte puede intentar estabilizar el tipo de cambio o bien imponiendo un control de capitales (lo que equivale a controlar los flujos comerciales) o monetizando a un tipo fijo toda la divisa extranjera que se le venda al banco central nacional. Justamente eso es lo que aprobó hace unas semanas el Banco Nacional Suizo (SNB) con respecto al euro: el banco central se comprometió a entregar 1,2 francos suizos por cada euro que se le vendiera.

De este modo, el SNB ha conseguido frenar la escala alcista de su moneda, pero a un elevadísimo coste: de facto, su divisa se ha eurizado o, al menos, lo hará si esa barra libre de francos suizos se mantiene durante mucho tiempo. Fijémonos: el dinero caliente procedente de la zona del euro habrá conseguido, al final, trasladar su crisis monetaria interna a un país que gozaba de una buena salud monetaria. Es la metástasis del papel moneda que eventualmente podría terminar afectando al mismo dólar (si Mr. Bernanke resuelve, ante un agravamiento de la crisis monetaria del euro, monetizar activos basura europeos a cambio de dólares para los bancos de la Eurozona).

En última instancia, pues, comprobamos que ante una crisis monetaria en el extranjero, el dinero fiduciario nacional no puede ser a la vez un buen depósito de valor y un buen medio internacional de cambio. Existe una disyuntiva insuperable entre ambas funciones: si se mantiene como un buen depósito de valor (papel moneda responsablemente gestionado) será masivamente comprado y atesorado por las sociedades que padecen la crisis monetaria, lo que generará una apreciación del tipo de cambio y convertirá su divisa en un mal medio internacional de cambio para las industrias exportadoras (a menos que se instaure un control de capitales, lo que lo convertiría igualmente en un mal medio internacional de cambio). Si, por otro lado, se desea mantener el papel moneda como un buen medio internacional de cambio estabilizando su valor contra las divisas en crisis, será necesario socavar sus cualidades como depósito de valor, depreciando deliberadamente la moneda y sometiéndola a las fluctuaciones del deficiente sistema bancario extranjero.

El dinero fiduciario, en definitiva, es inherentemente inestable y ante una crisis monetaria externa tiende a extender las pérdidas incluso a aquellos países que están obrando de manera diligente: o bien pierden los exportadores nacionales (si se aprecia el tipo de cambio) o bien los tenedores de la divisa o de renta fija (si se esterilizan las entradas de capitales).

Ninguna de estas negativas consecuencias acaecería en un sistema de patrón oro: si un país sufre una crisis bancaria, sus ciudadanos atesoran oro y fuerzan un reajuste interno en su estructura productiva sin ocasionar ni una fuga de capitales hacia el extranjero ni una apreciación de esas divisas foráneas. Es cierto que los efectos de una crisis nacional pueden extenderse al extranjero (por merma de la demanda importadora), pero no se extenderán por motivos exclusivamente monetarios: a saber, a la necesidad de un reajuste internacional por distorsiones reales no se le sobrepondrá otro reajuste por distorsiones monetarias.

La grandeza del patrón oro para la economía era colocar rápidamente el foco en aquellas industrias que requerían de una reconversión. La grandeza del dinero fiduciario para la política es la de permitirle apartar el foco concentrado de luz, extenderlo difusamente sobre toda la economía y redistribuir las pérdidas y los reajustes. No lo olvidemos: a largo plazo, el papel moneda es un muy mal medio internacional de cambio y un pésimo depósito de valor; un adictivo juguete en manos de nuestros gobernantes que sólo tiende a destruir la división internacional del trabajo.

Tres reflexiones a raíz de la muerte de Steve Jobs

Juan Ramón Rallo Julián es Director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana (España).

La muerte de Steve Jobs ha conmocionado al mundo entero, y es comprensible. Cuando una persona es la cabeza visible de tantos inventos que han transformado nuestras vidas de una manera tan inmediata y sustancial, es normal que nuestros lamentos transpiren gratitud por el revolucionado presente y melancolía por el futuro que hubiese podido ser y que ya no será.

Más allá de los homenajes y obituarios que individuos mucho más capacitados que yo puedan escribir, a mí la triste muerte del creador de Apple me suscita tres reflexiones sobre nuestro sistema económico y social.

La primera, todo el luto generalizado que estamos viviendo no es un luto por Steve Jobs como persona, sino sobre todo como personalidad: en concreto, como uno de los CEOs más exitosos de nuestra historia reciente (sólo comparable a Roberto Goizueta, Sam Walton, Warren Bufett o Bill Gates). Es curioso cómo nuestras sociedades, incluso aquellos sectores más abiertamente liberticidas, a la hora de la verdad no pueden más que rendirse a los logros de esos grandes empresarios convertidos en precoces multimillonarios que sólo pueden surgir y desarrollar su ingenio en un sistema de propiedad privada y libre competencia como el capitalismo. Jobs es idolatrado por haberse enriquecido masivamente o, lo que es lo mismo, por haber proporcionado a los consumidores bienes que ni siquiera sabían que necesitaban pero que han terminado por convertirse en elementos indispensables en su día a día. Ya lo decía Mises: “Todas las personas, por muy fanáticas que puedan ser en sus diatribas contra el capitalismo, implícitamente le rinden homenaje al clamar apasionadamente por los productos que crea”.

La segunda, Jobs ha convertido a Apple en la compañía más valiosa del mundo, sólo comparable a Exxon Mobile. Su valor en bolsa oscila en torno a 350.000 millones de dólares: más que todas las empresas del Ibex 35 juntas. Es decir, los inversores esperan que Apple genere durante los próximos años más valor para los consumidores que todas las mayores empresas españolas juntas. Sorprende, acaso, que en esta nuestra época, en la que oímos continuas premoniciones sobre el agotamiento inexorable de los recursos naturales o reflexiones sobre que las empresas se enriquecen a costa de explotar al medio ambiente o a los trabajadores, una compañía dedicada al conocimiento y a la innovación, con menos de 47.000 trabajadores (la mitad que Exxon), pugne por ser la compañía con mayor capitalización del mundo. Ya lo dejó sentado Julian Simon: el último recurso, la última fuente de riqueza, es la inteligencia humana; la capacidad de generar planes, modelos de negocio y productos que satisfagan necesidades importantísimas del resto de agentes. De ninguna otra forma puede explicarse que se espere que esos 47.000 empleados de Apple generen más valor que los 1,2 millones de trabajadores que ocupan todas las compañías del Ibex.

Y la tercera, la espectacular evolución bursátil de Apple, asentada sobre la innovación continua y la explosión de las ventas de productos de muy elevada calidad, ilustra la decisiva importancia del ahorro personal para alcanzar una amplia sociedad de propietarios. Desde el regreso de Steve Jobs a Apple, el precio de sus acciones ha pasado de 4 a 375, esto es, se han apreciado un 9.300%. Si en lugar de adquirir productos de Apple, hubiésemos destinado nuestro dinero a volvernos accionistas de la empresa —es decir, en sumarnos al proyecto de Jobs, proporcionándole todavía más recursos económicos—, hoy nuestro patrimonio sería inmenso. Para que nos hagamos una idea: si en 1997, en lugar de adquirir un Apple Powerbook G3 250 por 5.700 dólares hubiésemos invertido en acciones de Apple, hoy tendríamos un patrimonio de 535.000 dólares. Tal vez algunos piensen que, en tal caso, Apple habría vendido menos productos, hubiese dispuesto de menos ingresos y no hubiera sido capaz de innovar tanto. Pero es al revés: Apple, y empresas como Apple, podrían haberse capitalizado mucho más, habrían dispuesto de trabajadores mucho mejor formados y habrían invertido a mucho más largo plazo, proporcionándonos innovaciones aún más increíbles.

Candidato ABO

EEUU

La útil palabreja ABO se ha puesto ahora de moda en la política electoral norteamericana. Con ella se alude por sus siglas a "Anyone But Obama", o sea, cualquier candidato antes que Obama.

Aunque lo de ABO responde por sus siglas a varias organizaciones en EEUU, desde oftalmólogos a centros de estudio de biomasa de algas, o desde otorrinos a asociaciones de constructores y propietarios neoyorquinos, pasando también por determinados grupos sanguíneos, la útil palabreja ABO se ha puesto ahora de moda en la política electoral norteamericana. Con ella se alude por sus siglas a "Anyone But Obama", o sea, cualquier candidato antes que Obama. Tan mal anda el presidente que de su "Sí se puede" y "Cambio y esperanza" del 2008 ha pasado en apenas tres años al clamor general de "ABO".

Una de las voces más importantes del pensamiento conservador norteamericano, William F. Buckley, Jr., confesaba hace algunos años con su habitual ironía que preferiría vivir en una sociedad gobernada por los primeros dos mil nombres de una lista telefónica de Boston, que en una sociedad dirigida por los dos mil profesores y catedráticos de Harvard University. Aparte de la astuta y reveladora broma de Buckley apaleando al pseudo-progresismo de los intelectuales, y más allá de la anécdota puntual de que Obama fuera por un tiempo asistente del profesorado de Harvard, la realidad es que ABO es a día de hoy el candidato con más posibilidades de ganar.

EEUU ha vivido presidencias con siglas familiares y referidas a sus líderes en la Casa Blanca, desde Lincoln (ABE), Roosevelt (TR), el otro Roosevelt (FDR), Eisenhower (IKE), Kennedy (JFK), Johnson (LBJ) a W (Bush hijo). Cerca ya del inicio de las primarias republicanas, los votantes andan intentando dilucidar quién será ese nuevo nombre y apellido que encarne al candidato ABO y que se enfrente al manchuriano de Illinois dentro de poco más de un año.

La campaña republicana está más abierta que nunca y pocos analistas predecían esta actual situación. Chris Christie y Sarah Palin han confirmado ya que no se presentarán, por lo que no debería haber más entradas de aspirantes sino más bien bajas de quienes se vayan retirando, como ya hizo Tim Pawlenty. A la espera del nuevo debate este próximo martes, Mitt Romney sigue liderando las encuestas pero cada vez con menos diferencias respecto a los seguidores. Rick Perry tuvo un último debate desastroso y ha bajado muchos puntos, además de la mala publicidad que los medios le están dando al hilo de un infundado cuento de tintes racistas. Michelle Bachmann está en caída libre y sus votos parecen haberse ido para Herman Cain, aunque falta ver por cuánto tiempo mantendrá Cain ese apoyo.

Newt Gingrich, a quien algunos dieron por acabado a inicios de verano, acaba de lanzar su nuevo "Contrato con América para el siglo XXI" y ha recibido muchos apoyos en estos últimos días, al haber preparado un documento orgánico que muestra una visión para todos los norteamericanos. Ron Paul no acaba de despegar porque, pese a sus grandes ideas en materia de libre mercado, está lejos del pulso de los votantes en cuanto a política exterior y seguridad interior. Jon Huntsman y Rick Santorum es posible que duren poco tiempo más en campaña, lo que deja, a mi juicio, un horizonte real con tres o cuatro candidatos que se disputarán el triunfo final: Romney, Cain, Gingrich... y acaso todavía Perry.

Quienquiera que sea el candidato que se enfrente a Obama tendrá que medir bien su estrategia porque ahora mismo se presenta un calendario de primarias bastante volátil donde algunos estados como Florida quieren adelantar sus elecciones, moviendo calendarios y usos de elecciones anteriores que pueden alterar la percepción de los votantes. Está claro que esa búsqueda del candidato ABO tomará fuerza durante las vacaciones navideñas en un calendario demasiado condensado que ayuda poco a esas campañas más cortas de dinero. Es ahí donde Romney juega con ventaja, pero todo está aún por decidir.

Alberto Acereda es catedrático universitario en Estados Unidos y miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, correspondiente de la Real Academia Española.

¿Sirve para algo la economía financiera?

Economía paso a paso

Juan Ramón Rallo

Por eso puede decirse que la economía financiera es productiva: porque tan importante como fabricar bienes y servicios es fabricar los bienes y servicios correctos al menor coste posible.

Cuando nos planteamos qué es crear riqueza, instantáneamente tendemos a pensar en fabricar cosas, como cortar un árbol y convertirlo en una mesa o sacar piedra de la cantera y construir una casa. Y así sucedía en las etapas más primitivas de la producción de bienes y servicios: cuando lo único que teníamos que hacer era tomar de la naturaleza las materias primas necesarias y esforzarnos en transformarlas, crear riqueza equivalía a convertir el entorno en las mercancías que directamente satisfacían nuestras necesidades o en las herramientas que necesitábamos para fabricarlas de una manera más eficiente. Por eso, en su momento los fisiócratas y los socialistas pensaron que el valor procedía respectivamente de la tierra y del trabajo: aquello que parecía esencial para generar riqueza obtenía valor de manera natural.

Con todo, la cosa cambia cuando el proceso de creación de riqueza se vuelve mucho más complejo al implicar a un número infinitamente mayor de agentes y de recursos que deben coordinarse entre sí en momentos muy distintos del tiempo. En tal caso, las decisiones sobre qué y cómo producir ya no resultan tan sencillas, pues de lo que se trata es de organizar todos esos recursos de tal manera que sean capaces de generar la mayor cantidad posible de bienes y servicios valiosos. Es entonces, en el momento en que dejamos de producir para el autoconsumo y pasamos a hacerlo para los demás, cuando los mecanismos de coordinación y de asignación de los factores productivos van adquiriendo una importancia cada vez más decisiva.

Los empresarios son uno de estos elementos coordinadores: pergeñan planes de negocio comprando o alquilando factores productivos, ensamblándolos y vendiendo las mercancías manufacturadas a sus clientes. Sin embargo, tengamos en cuenta que cada empresa es un centro de planificación aislado del resto: lo que decide un empresario no tiene por qué guardar relación con lo que escoge otro empresario, de modo que, al final, podríamos caer en lo que Karl Marx llamaba la "anarquía productiva".

Los empresarios necesitan un marco dentro del que coordinar sus actividades y ese marco es el mercado: el sistema de precios sirve justamente para que los empresarios puedan elaborar planes que sean consistentes entre sí y con las preferencias de los consumidores. Nadie (o muy pocos) disputa que una parte de ese mercado y de esos precios contribuyen claramente a producir riqueza: todas aquellas industrias dedicadas a la producción de bienes de capital y de bienes de consumo. Sin embargo, hay otra parte cuya relación con la generación de riqueza es bastante más difusa: los mercados financieros y todo el batiburrillo de volátiles precios de los activos financieros.

Son numerosas las personas que separan radicalmente la economía productiva de la economía financiera, como si esta última no fuera también productiva y como si, de hecho, restara recursos a la primera. Una maniquea segregación que no se corresponde con la realidad. Los mercados financieros juegan el papel de coordinar intertemporalmente a los agentes económicos: su cometido es el de dar pautas a los empresarios acerca de cuándo deben proporcionar a los consumidores aquellos bienes que desean.

En concreto, los mercados financieros sirven para que los ahorradores señalicen cuánto tiempo están dispuestos a esperar y qué riesgos están dispuestos a asumir para disponer de bienes económicos futuros: quien invierte en una imposición a cinco años se está comprometiendo a renunciar durante un lustro a hacer uso de ese dinero (a menos que llegue otro ahorrador que se subrogue en tu posición y compre el bono); quien adquiere deuda subordinada está indicando que no le importa asumir un riesgo importante con tal de ver aumentada su rentabilidad; quien compra acciones transmite el mensaje de que desea formar parte de los propietarios de la compañía, asumiendo las venturas y desventuras del negocio; quien emite un CDS se está comprometiendo a asegurar un activo, aportando los recursos necesarios para cubrir las quitas en caso de que aparezcan, etc.

Todos estos instrumentos (imposiciones a plazo fijo, bonos subordinados, acciones, derivados...) sirven para poner en manos de los empresarios los recursos que han de invertir a largo plazo, es decir, los que les permiten producir elevadas cantidades y calidades de bienes de consumo en el futuro. El precio de estos instrumentos, la remuneración que recibe el ahorrador por abstenerse de consumir y el coste que soporta el inversor por emplear recursos ajenos, son los tipos de interés. Como sucede en todos los mercados, oferentes y demandantes deben ponerse en contacto para poder cerrar la transacción y, asimismo, resulta de enorme importancia que los precios de los distintos activos (los tipos de interés) se correspondan con la realidad, a saber, con su demanda y oferta final. Los bancos son los intermediadores por excelencia de los mercados financieros y los especuladores son los encargados de estabilizar los precios dentro de márgenes realistas.

En definitiva, los mercados financieros y sus diversos participantes (ahorradores, inversores, intermediarios y especuladores) desempeñan un servicio muy importante dentro de una economía: coordinar a quienes ahorran con quienes invierten dentro de unos parámetros compatibles con las necesidades de los consumidores. Al igual que las carreteras tampoco producen nada por sí mismas, los mercados financieros son útiles a la hora de distribuir el capital hacia sus usos más valiosos. Y por eso puede decirse que la economía financiera es productiva: porque tan importante como fabricar bienes y servicios es fabricar los bienes y servicios correctos al menor coste posible. Si todo fuera incrementar la producción material de cualquier cosa, el socialismo podría funcionar. Pero no, no puede porque es incapaz de asignar prioridades de acuerdo con las preferencias intertemporales de los agentes.

Siendo, pues, los mercados financieros una parte básica de nuestra estructura productiva, será lógico que parte de nuestros recursos se destinen a esta industria: trabajadores, edificios, ordenadores, redes, materias primas, etc. Simplemente, una parte de nuestras compañías las hemos de dedicar a prestar semejantes servicios, al igual que otra parte las dedicamos a la extracción de petróleo, otra al diseño de nuevas mercancías, otra al marketing, etc.

Cuestión distinta es la tan extendida afirmación de que los mercados financieros están absorbiendo todos los recursos de la economía, dejando a dos velas a la economía real. Aunque a corto plazo pueda tener lugar una absorción de capital por parte de los mercados financieros, no olvidemos que toda deuda, toda acción o todo seguro representan pasivos financieros que se han transformado en activos productivos; es decir, los activos con los que se especula en última instancia no son más que inversiones reales cuya titularidad cambia de manos. Basta con seguir el circuito del dinero: éste va a parar a los vendedores de pasivos financieros, quienes lo utilizarán o para producir bienes y servicios o para adquirir otros pasivos financieros, cuyos vendedores estarán en idéntica coyuntura hasta que al final todo el capital queda asignado de un modo u otro a proyectos reales: unos proyectos que podrían ser útiles... o no. La economía financiera no es infalible, por la simple cuestión de que el futuro –y las perspectivas de generación de riqueza de los distintos planes empresariales– es incierto. Perfectamente pueden aparecer burbujas financieras que den lugar a distorsiones dentro de la economía real. Mas no nos escandalicemos: los errores son inevitables (y se pagan en forma de pérdidas) en el proceso empresarial y, por tanto, también lo son en el sector financiero.

Lo que deberíamos exigir no es que no se produzcan burbujas, sino que esas burbujas no sean incentivadas, protegidas y amparadas por el poder político. Es lo que sucede en la actualidad, con nuestro sistema financiero absolutamente intervenido, con nuestros bancos centrales que rebajan de manera artificial los tipos de interés, con nuestra divisa desligada del oro, con nuestros políticos predispuestos a rescatar a deudores insolventes y con nuestros reguladores obsesionados con prohibir las ventas al descubierto. Es decir, lo que deberíamos exigir no es que la economía financiera no exista, sino que deje de existir en su privilegiada forma actual.

Desconozco si, como dicen muchos, la economía financiera ha adquirido un tamaño desproporcionado con respecto a la economía real. Eso no me preocupa, pues existen motivos razonables para que haya más y mayores compañías financieras conforme la complejidad de nuestro tejido productivo se eleve. El problema no es ése, sino que su tamaño actual –grande o pequeño– depende del intervencionismo político dirigido a promover el endeudamiento insostenible de familias, empresas, bancos y gobiernos. El problema no es la economía financiera, sino la economía financiera ultraintervenida. En suma, exactamente lo mismo que sucede con la economía real. No carguemos nuestras iras contra el legítimo y útil oficio de especuladores, banqueros e inversores, sino contra el omnipresente intervencionismo económico que contamina todas sus decisiones.

Puede dirigir sus preguntas a contacto@juanramonrallo.com

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en el centro de estudios Isead. Puede seguirlo en Twitter o en su página web personal. Su último libro es Crónicas de la Gran Recesión (2007-2009).

Juan José Padilla sufre una cornada brutal en la cara

El diestro está ingresado en la UCI del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.

Su estado es"muygrave".

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Escalofriante imagen de la cogida. | EFE

El torero Juan José Padilla ha sido gravemente herido por el cuarto toro de la tarde, que le ha corneado en la cara dañándole el globo ocular. El astado, un animal peligroso y complicado de la ganadería de Ana Romero, ha herido al diestro en el pómulo izquierdo a la salida de un par de banderillas.

El torero Juan José Padilla "presenta grave traumatismo cráneo facial" por la cornada que ha sufrido esta tarde en la plaza de toros de Zaragoza y su pronóstico es "muy grave", según el parte médico facilitado por el servicio médico del coso taurino.

El torero sufre "grave traumatismo cráneo facial por lesión en el aparato auditivo y el ojo izquierdo. Pronóstico muy grave. Se le aplica sedación profunda y entubado para respiración traqueal y es trasladado al (hospital) Miguel Servet", dice el parte firmado por el doctor Carlos Val-Carreres, cirujano jefe de la plaza de toros.

En breves declaraciones a los periodistas tras facilitar el parte médico, el doctor ha agregado que el pitón del toro "ha entrado por encima del maxilar inferior del lado izquierdo". "Es una herida muy escandalosa en todos los sentidos", ha dicho Val-Carreres, quien ha añadido que "todo está pendiente de la exploración del hospital". "Se va a poner en manos de muchos especialistas: oculistas, otorrinos, maxilofaciales y cirujanos plásticos", ha explicado.

El médico ha informado de que el torero ha entrado en la enfermería de la plaza "consciente y con sensación de asfixia y por eso lo han intubado traquealmente". El torero ha ingresado en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Miguel Servet a las 19.52 horas y está a la espera de ser intervenido quirúrgicamente, han precisado a Efe fuentes del Gobierno de Aragón.

En este centro hospitalario está ya preparado el dispositivo que se destina a este tipo de incidencias, controlado por un especialista maxilofacial, según las citadas fuentes.

Al ser recogido por las asistencias, Padilla se quejaba diciendo "no veo, no veo", según algunos espectadores. El asta ha penetrado por el pómulo izquierdo y ha salido por el ojo izquierdo.

Sálvennos de la neolengua del euro

Humor alemán

Paris

La expresión alemana para fondos de rescate puede ser "paracaídas", "paraguas" o "parasol", según la ocasión. Una manera sencilla de aunar las complejidades de los mecanismos financieros de la eurozona, pero el poder de la metáfora se está agotando.

Navegando por el sitio tagesschau.de he encontrado una noticia desfasada en la que se podía leer esta curiosa frase: "Irlanda ha acabado por deslizarse deprisa bajo el 'Rettungsschirm' de la eurozona destinado a los países miembros en aprietos".

Es curioso: siempre he pensado que el término "Rettungsschirm" (sombrilla, paraguas o paracaídas en alemán) designaba el paracaídas bajo el que se suspendería el euro y gracias al cual la moneda europea se posaría tranquilamente en tierra firme. Pero ¿cómo es posible "deslizarse" bajo un paracaídas y además hacerlo "deprisa"? ¿Se puede hablar realmente de paracaídas al referirnos a un plan de rescate? Un paracaídas lo único que hace es ralentizar la caída, pero no la impide: al final, el euro acabará cayendo, aunque sea precisamente lo que nadie quiere.

Entonces ¿a qué se refiere este "Rettungsschirm"? Acaba de finalizar el verano y entonces pensamos en las personas que alquilan sombrillas y tumbonas en las playas del sur de Europa. Pero "Rettungsschirm" implica protección y no podría designar a una sombrilla bajo la cual los Estados miembros se sitúan para descansar.

Por eliminación, "Rettungsschirm" entonces es un paraguas, algo que parece confirmarse con el contexto de la situación en la que nos encontramos. El "Rettungsschirm" (el paraguas) se ha abierto, se ha plantado, se ha instalado por todas partes. En resumen, se sostiene de pie. Además, acabo de leer que Irlanda no se ha "deslizado" bajo el "Rettungsschirm", sino que, tal y como se informa en el sitio Web de la radio pública austriaca, ha "reptado", lo que nos indica una cosa: que el susodicho paraguas se encuentra especialmente bajo.

Cuestiones que necesitan enunciarse con claridad

Cuando el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung anuncia "Barroso quiere ampliar el paraguas de protección de la eurozona", parece entonces justificado. El paraguas debe ampliarse, es decir, estirarse e incluso reforzarse. ¡En medio del gran diluvio, nos hacemos con un paraguas! Según el Financial Times Deutschland, está "demasiado elevado".

En opinión del diario Hannoverscher Allgemeiner Zeitung , Irlanda se ha “instalado” bajo el paraguas, mientras que el Manager-Magazin declara: "Europa despliega el paraguas para Irlanda". En otras palabras, que Irlanda estaba ahí y luego han abierto el paraguas encima de su cabeza.

¿Por qué no pueden enunciarse claramente estas cuestiones? Es algo que dura ya cerca de un año… Este paraguas puede ser precisamente eso y todo lo contrario. "El nuevo paraguas europeo es una ruina financiera", asegura el Welt. Es "una red necesaria", se lee en el sitio Web de un banco, una "célula madre".

Un aluvión de metáforas

Se encuentra "a cubierto", leí en el Tagesanzeiger. Entre nosotros: ¿por qué poner un paraguas a cubierto? No se debe "ampliar", planteaba la cadena de televisión N24. Una sociedad financiera de Liechtenstein escribía en sus comunicados que se habían "superado los últimos obstáculos que subsistían en su puesta en marcha". Incluso se puede apelar a la ayuda del paraguas, como se explica en el Wiener Zeitung, según el cual, "tarde o temprano, de todos modos tendremos que apelar al paraguas europeo".

¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Abran rápidamente un paraguas por encima de la lengua alemana! ¡Concedan créditos al cero por ciento para los cursos de idiomas! Compren las metáforas falsas. Abran el paraguas lingüístico, asegúrense de que se mantiene en pie y extiéndanlo. ¡Estírenlo, refuércenlo! Y dejen que todo el mundo se "deslice" debajo. O que "repten" bajo él. O que "se instalen en él deprisa". Es urgente. De lo contrario, vamos a acabar ahogados bajo una avalancha de metáforas y daremos con nuestros huesos sobre los "obstáculos en la puesta en marcha".

En el servicio de prensa de un banco, me encontré con un documento sobre las expectativas de la sociedad para después de 2013, "fecha en la que el paraguas se deberá destensar de nuevo".

¿Destensar? Sin duda querían decir "cerrar de nuevo". No puedo esperar a que llegue este momento.

México intenta imponer límites al imperio de Carlos Slim

Carlos Slim

Autoridades mexicanas impusieron multas a dos empresas de Slim.

La Comisión Federal de Competencia de México, el órgano del gobierno mexicano encargado de prevenir monopolios, impuso este miércoles una multa de US$7,8 millones a la empresa Teléfonos de México (Telmex) por incurrir en "prácticas monopólicas".

Según la CFC, la compañía del magnate Carlos Slim se negó a ofrecer un servicio de interconexión a la competidora GTM, filial de Telefónica.

Sin embargo, el de este miércoles no es el único golpe reciente a ésta y otras compañías de Slim, considerado el hombre más rico del mundo por la revista Forbes, con una fortuna de US$74.000 millones.

A finales de abril, la CFC ya anunció una multa récord de US$1.016 millones a América Móvil, compañía de telefonía dueña de Telcel, la mayor operadora de México, y también propiedad de Slim.

La compañía batalla ahora para anular la sanción, que equivale al 10% de los activos de la empresa y es la máxima pena prevista en la legislación mexicana de competencia para casos de reincidencia en prácticas monopólicas.

Mensaje "mediático"

"La multa a Telcel y la última a Telmex suponen más golpes mediáticos y mensajes a la opinión pública que afectaciones reales a las operaciones de las compañías"

Ramiro Tovar, experto en telecomunicaciones

Según Telcel, este multimillonario castigo "carece de fondo y fundamento". ¿Pero representa alguna amenza real a la hegemonía de Slim en el mercado de telecomunicaciones mexicano?

"La multa a Telcel y la última a Telmex suponen más golpes mediáticos y mensajes a la opinión pública que afectaciones reales a las operaciones de las compañías", asegura Ramiro Tovar, especialista en telecomunicaciones del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM, con sede en Ciudad de México).

De acuerdo a este investigador, "se refieren a denuncias antiguas que otras operadoras llevan haciendo desde hace años", le dice a BBC Mundo.

"Además existen numerosas instancias de defensa" que permitirían a las compañías recurrir las decisiones de estos organismos, añade.

El deseado mercado televisivo

DUOPOLIO VS MONOPOLIO

Cables de fibra óptica

Las empresas de Slim mantienen un álgido intercambio de comunicados y acusaciones con Televisa y TV Azteca desde hace meses. Las dos partes quieren su parte en los servicios de televisión, internet y telefonía celular, un mercado valorado en unos US$22.000 millones.

Esto, sin embargo, no quiere decir que Slim no tenga nada que perder.

La verdadera batalla se librará en el campo de la televisión, señalan los expertos.

Uno de los mayores reveses al emporio de Slim fue la negativa del gobierno mexicano a permitir la entrada de Telmex (antigua empresa pública de telefonía fija) en el mercado de la televisión de paga, uno de los viejos anhelos de la compañía.

El pasado viernes, la Secretaría de Telecomunicaciones y Transportes (STC) negó que Telmex pudiera sumarse al negocio del llamado "triple play" (servicio de teléfono, internet y televisión a través del mismo cableado), una decisión que la empresa recurrirá.

Tras conocerse la decisión de la STC, el valor de la empresa en la Bolsa Mexicana cayó hasta un 6,44%, alcanzando su nivel más bajo en 4 meses.

Sin favoritismos

Mientras las dos principales televisoras del país, Televisa y TV Azteca, ya participan en el sector de la telefonía móvil, Slim aún no podrá ofrecer su propio servicio de televisión.

El millón de líneas telefónicas "triple play" en las áreas urbanas de México (según cifras del Centro mexicano de Investigación e Innovación en Telecomunicaciones) y sus potenciales suscriptores son la torta que todas las operadoras quieren catar cuanto antes en México.

El gobierno mexicano sostiene que no permitirá "favoritismos" a la hora de acceder a nuevos mercados, y argumenta que Telmex no cumplió con los requisitos para ofrecer TV de pago.

En la práctica, "hasta que Telmex no logre satisfacer los requerimientos de la STC, estará perdiendo un tiempo que no podrá recuperar en términos de mercado, ingreso o inversión", explica Tovar.

"A diferencia de las multas, esto sí estará dañando el valor de la empresa y la dejará rezagada frente a sus competidores. Ahí sí hay un riesgo real" para las empresas de Slim, dice el investigador del ITAM.

Mirando al Sur

"Es cierto que ha habido reveses, pero los resultados de la empresa ya son buenos sin televisión. Cuando la tengamos serán mejores"

Arturo Elías Ayub, vocero de Slim

Por otro lado, mientras en su mercado interno las empresas de Carlos Slim podrían resentirse ante el nuevo panorama de telecomunicaciones, en el exterior no cesan de crecer.

América Móvil es la compañía mexicana con más inversiones y empleos en América Latina.

Sus ventas alcanzaron en 2010 casi los US$50.000 millones, superadas solo por grandes petroleras como la brasileña Petrobras o la venezolana PDVSA, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

"Regulatoriamente, en otros países hay mucha más apertura y competencia que en México", le dice a BBC Mundo Arturo Elías Ayub, director de Alianzas Estratégicas de Telmex.

"Eso no quiere decir que vayamos a parar inversiones en México, pero sin duda vamos a continuar el crecimiento en 18 países de América Latina", explica.

De hecho, el grupo de Carlos Slim podría aprovechar la experiencia de años de competencia en la región con su rival Telefónica para enfrentarse a un mercado local donde, al menos en servicios combinados de internet, telefonía móvil y televisión, ya no es el líder.

"Es cierto que ha habido reveses, pero los resultados de la empresa ya son buenos sin televisión", dice el vocero de Slim. "Cuando la tengamos serán mejores".

Ecuador: quien quiera medios o bancos no podrá tener nada más

Canal Teleamazonas

La ley antimonopolio busca cortar aún más la relación entre medios de comunicación y la banca.

Los empresarios de medios de comunicación y los banqueros en Ecuador no podrán tener acciones en cualquier otro tipo de negocio que sea ajeno al ámbito comunicacional o financiero, respectivamente.

De acuerdo con la nueva Ley de Regulación y Control del Poder del Mercado aprobada por la Asamblea Nacional, tal prohibición regirá para quienes posean más del 6% del paquete accionario de un medio de comunicación o de un banco.

Según la llamada ley antimonopolio, los empresarios en ambos sectores tendrán hasta el 13 de julio de 2012 para desprenderse de las acciones que mantengan en otro tipo de negocios; caso contrario, deberán dejar los medios de comunicación o los bancos, según corresponda.

Tal disposición es parte de una serie de normativas establecidas en la ley antimonopolio, la cual busca evitar y sancionar "el abuso de operadores económicos con poder de mercado".

Al momento esta ley, previo a su entrada en vigencia, está en manos del presidente de la República, de quien se espera que en cuanto a la restricción dirigida a empresarios de medios y a banqueros ratifique lo adoptado por la Asamblea.

Lo dispuesto en esta ley además responde a lo aprobado en la consulta popular del pasado 7 de mayo, en la que se preguntó a los ecuatorianos si se debería prohibir que los principales accionistas de bancos y empresas de comunicación tengan participación accionaria fuera del ámbito financiero o comunicacional, respectivamente.

Medios y banca

Desde 2008 se estableció en la Constitución ecuatoriana la prohibición de que banqueros tengan acciones en medios de comunicación. En dicha resolución incidió el recuerdo nacional de la crisis bancaria de los años noventa y de la forma en que ciertos banqueros usaron medios de comunicación que tenían en su poder.

"El enorme peso que tiene el sector financiero en toda economía debe tener límites para que su accionar no someta a las otras esferas productivas"

Paco Velasco, parlamantario oficialista

Pero la consulta popular, y ahora la ley antimonopolio, van un paso más allá no solo al cortar la relación entre medios y banca, sino al disponer que un banquero no pueda ser más que banquero, y que un empresario de medios concentre su participación accionaria únicamente en el ámbito comunicacional.

A decir del asambleísta oficialista y presidente de la comisión legislativa que tramitó la ley antimonopolio, Paco Velasco, lo que se busca en cuanto a la banca es "diferenciar al negocio financiero de otros negocios".

"El enorme peso que tiene el sector financiero en toda economía debe tener límites para que su accionar no someta a las otras esferas productivas", dijo Velasco a BBC Mundo.

Bajo esa misma lógica, el oficialismo sostiene que los medios de comunicación deben desarrollarse libres de capitales de otras esferas económicas que puedan afectar su independencia.

"La actividad empresarial periodística tiene legítimo derecho de crecer, pero un medio de comunicación que tenga accionariado proveniente del capital financiero puede fácilmente desviar su independencia, dada la fuerza que tiene dicho capital en toda economía", aseguró Velasco.

"Debilitamiento" de los medios

De otro lado, para el director ejecutivo de la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos (AEDEP), Diego Cornejo, lo dispuesto en la ley antimonopolio "puede debilitar a algunos medios de comunicación".

Cornejo señaló a BBC Mundo que si bien lo aprobado por la Asamblea Nacional pretende evitar posibles conflictos de intereses en la propiedad de los medios de comunicación, a la hora de invertir en la prensa varios empresarios podrían preferir poner sus acciones en otro tipo de negocios.

"No necesariamente la prensa es un gran negocio. Ahora los medios pasan por una etapa difícil, hay más presión, y es probable que varios accionistas salgan"

Diego Cornejo, AEDEP

"No necesariamente la prensa es un gran negocio. Ahora los medios pasan por una etapa difícil, hay más presión, y es probable que varios accionistas salgan", manifestó.

Cornejo señaló que la restricción incluida en la ley antimonopolio "es parte de toda una política de debilitamiento de los medios independientes", que según el experto, incluye aspectos como los juicios iniciados en contra de periodistas, "una agresión constante hacia los medios" por parte del gobierno, y la incorporación de diversas disposiciones en la Ley de Comunicación que se tramita en la Asamblea.

La banca seguirá "sólida"

En cuanto a la restricción dirigida a los banqueros, el presidente de la Asociación de Bancos Privados de Ecuador, César Robalino, prevé un panorama en el que los accionistas de los bancos pueden resultar afectados.

"La banca ecuatoriana va a seguir siendo solvente, sólida y bien capitalizada"

César Robalino, Asociación de Bancos Privados

Robalino le dijo a BBC Mundo que cuando un empresario prefiera mantener su capital en una empresa no financiera, sea agrícola, industrial o de otro tipo, y quiera vender las acciones que posea en un banco, "no va a haber suficiente demanda para esas acciones en el mercado".

"Entonces va a producirse una baja o descuentos en el valor de las acciones de ese banco y quienes van a perder a consecuencia de ello van a ser los accionistas principales de dicha entidad", señaló.

En cualquier caso, Robalino resaltó que aunque lo dispuesto en la nueva ley antimonopolio pueda significar un golpe para los accionistas de los bancos, "la banca ecuatoriana va a seguir siendo solvente, sólida y bien capitalizada".

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