jueves, 13 de septiembre de 2012

Más de dos horas de combates para recuperar el consulado en Bengasi


Una banderita estadounidense permanece en el suelo frente a restos carbonizados en el edificio del consulado estadounidense en Bengasi (Libia) / EFE

Al menos una hora antes de que comenzara el asalto a la legación estadounidense en Bengasi, un testigo citado por el Washington Post, afirma que observó un flujo continuo de coches dirigiéndose hacia el consulado y que, a última hora de la tarde, hasta 50 milicianos armados se habían unido al grupo de manifestantes que protestaba por la película sobre Mahoma delante del muro de la sede diplomática.
Estos milicianos, según los testigos, no profirieron ningún grito ni consigna ni tampoco portaban pancartas. “Tan solo dijeron que eran musulmanes, que defendían al profeta y al Islam”, según ha declarado el periodista libio Firas Abdelhakim. Poco después, abrieron fuego y penetraron en las instalaciones del consulado incendiando todo a su paso.

Entre los atacantes, según varios testigos citados por la agencia Reuters, había miembros de tribus libias y milicianos. Hamam, un chico de 17 años presente en la manifestación, afirmó que varios vehículos de Ansar al-Sharia (grupo radical libio) llegaron al comienzo de las protestas: “Algunos empezaron a disparar y otros tiraron bombas caseras contra el muro. El consulado contaba con la protección de fuerzas de seguridad libia pero en cuanto estallaron las bombas, huyeron”. Hamam añadió que vio morir a un estadounidense frente a él y que tenía el cuerpo cubierto de cenizas.
Sigue sin haber información fehaciente sobre las circunstancias de la muerte del embajador Christopher Stevens y su traslado a un hospital de Bengasi. Al parecer, mientras el personal de seguridad estadounidense y libio abrían fuego para repeler el ataque, el jefe de seguridad de la embajada, que había acompañado a Stevens desde Trípoli, intentó trasladar al embajador, junto a otro diplomático, hacia una zona segura del consulado. Sin embargo, en medio del caos se separaron. El jefe de seguridad buscó a Stevens pero ya no lo halló en el edificio.

Mientras, el edificio principal ardía en llamas, el personal de la embajada logró escapar hacia un recinto contiguo en el que se produjo un tiroteo durante más de dos horas entre las fuerzas de seguridad y los agresores en el que perdieron la vida dos estadounidenses. Cerca de las dos de la madrugada, las fuerzas libias y americanas fueron capaces de recuperar el control de todo el recinto del consulado.
Para entonces, Stevens ya había sido trasladado al hospital de Bengasi. Pero hasta anoche no se había podido esclarecer quién o quiénes lo habían llevado allí ni si estaba vivo cuando llegó al centro sanitario. La primera versión apuntaba a que el embajador llegó al hospital ya sin vida y que, como no tenía heridas aparentes, los médicos determinaron asfixia como causa de la muerte.  Ningún otro estadounidense fue trasladado al hospital esa noche pero sí 15 libios con heridas de bala, contusiones y fracturas.
Ayer, el doctor Ziad Abu Zaid que dijo haber estado de guardia la noche del pasado martes, declaró a la agencia Reuters que él había atendido a Stevens y que éste había llegado al hospital vivo pero con parada cardiorespiratoria. El médico explicó que intentó reanimarlo durante 45 minutos pero que que no pudo hacer nada porque había inhalado demasiado humo. Abu Zaid confirmó así el deceso del embajador.
Pese a las dificultades existentes para atar todos los cabos, los indicios señalan que el ataque fue premeditado y que la manifestación de protesta por la película sobre Mahoma fue utilizada en beneficio propio. Lo que puede descartarse es que todo hayan sido meramente circunstancias espontáneas.
Un alto cargo de la inteligencia americana declaró al Washington Post que no había indicios significativos de que Al Qaeda tuviera relación alguna con el ataque y señaló que aunque algunas circunstancias indicaban que se trataba de algo planificado, había otras que provocaban dudas al respecto.
Otros funcionarios han señalado que el asalto lo pudo llevar a cabo un grupo asociado a Al Qaeda, que quizás buscaba venganza por la muerte de Abu Yahya al-Libi, un libio que era el número dos de Al Qaeda. Este dirigente de Al Qaeda de nacionalidad libia murió en Pakistán el pasado mes de junio en un ataque llevado a cabo con drones de EE UU.

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