sábado, 15 de septiembre de 2012

Argentina: Aló Presidenta: De la legalidad de la Cadena Nacional al discurso de la Presidente

Argentina: Aló Presidenta: De la legalidad de la Cadena Nacional al discurso de la Presidente – por Agustín Ulivarri Rodi

El país es testigo una vez más del espacio que deben otorgar todos los medios para que nuestra presidente promueva las acciones de su gobierno, la historia de su difunto esposo o critique a algún ciudadano que se atrevió a desconfiar de las versiones oficiales.
La Presidente no sólo ha demostrado que tiene una gran capacidad de oratoria y alcance masivo a la población con sus ordinarios discursos, sino que ahora puede decirlos cuando quiera y por donde quiera. No importa dónde se encuentre, ya sea en el salón de las mujeres, en alguna fábrica naciente o por videoconferencia con sus pares, el objetivo es que todos sus ciudadanos la puedan ver y escuchar. En el documento de Carta Abierta incluso avalaron la medida de empezar a interrumpir los programas de mayor popularidad y así “profundizar” las cadenas en horario central para que la población vea forzosamente a la Jefa de Estado. Sin embargo, lo que no comprenden aún los kirchneristas es que, lejos de sumar oyentes, cada vez son más los que cambian de canal o apagan el televisor al escuchar a la locutora presidencial anunciar el comienzo de una cadena nacional. En todo caso, uno de los pocos e irrelevantes beneficios es que estimula la lectura, la conversación en familia y el desdén hacia la “Presidenta de los cuarenta millones de argentinos” (como la anuncia su presentadora de circos en cada discurso).

La ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, que reemplazara en 2009 a la anterior Ley Nacional de Radiodifusión, establece en su artículo 75 que “el Poder Ejecutivo nacional y los poderes ejecutivos provinciales podrán, en situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional, disponer la integración de la cadena de radiodifusión nacional o provincial, según el caso, que será obligatoria para todos los licenciatarios”. Entendemos por situaciones graves y excepcionales aquellas que transgredan y afecten a los ciudadanos ya sea de manera directa o indirecta, en donde peligre el estado democrático, el orden público o la vida de los habitantes por cuestiones de salubridad y/o ambientales. Las situaciones de trascendencia institucional son aquellas que tengan que ver con la modificación y/o supresión de estructuras institucionales ya sea en el ámbito público o privado, por cuestiones de fuerza mayor u otros.
Muchos han planteado que la cadena nacional puede ser usada para promover las acciones de gobierno, por lo que Cristina Fernández no estaría haciendo uso ilícito de la misma. Sin embargo la ley prevé de un espacio para ello y lo expresa en su artículo 76: “La Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual podrá disponer la emisión de mensajes de interés público. Los titulares de licencias de radiodifusión deberán emitir, sin cargo, estos mensajes según la frecuencia horaria determinada y conforme a la reglamentación. Los mensajes declarados de interés público no podrán tener una duración mayor a los ciento veinte (120) segundos…” Y el Gobierno hace uso del mismo con el panorama infomativo Argentina en Noticias en donde promueve todas las acciones llevadas a cabo por la Presidente.
La cadena nacional se ha desvirtuado en su esencia e importancia. Se asimila a la cuestión de los Decretos de Necesidad y Urgencia, en dónde la mayoría de las veces los argentinos no podemos identificar cuál es la necesidad ni cuál es la urgencia. Pasa a ser, como estos, una herramienta más para gobernar de una forma autoritaria, características de los gobiernos socialistas del siglo XXI.
La cadena nacional permite a la Presidente expresarse y llegar al pueblo no sólo para realizar un anuncio de gobierno, sino para deslegitimar a otros políticos, rechazar y despreciar a los medios, infamar a periodistas e incluso humillar a distintos ciudadanos. Pero, sin quitarle gravedad a lo anterior, la cadena nacional sirve para influenciar a la masa ignorante para que responda positivamente al gobierno. La presidente habla de las propiedades afrodisíacas del cerdo, reta a un camarógrafo o invoca la presencia espiritual de Néstor, porque concibe que es el morbo lo que la gente más aprecia y entiende. No son los números de la economía, ni los puestos de trabajo, ni las estadísticas del INDEC lo que capta la plena atención del pueblo sino el propio discurso morboso y su particular toque de ironía que, sumados a la gran cantidad de gesticulaciones, hacen de un monólogo digno de aplaudir por las masas populares y sus funcionarios.
Esto ha llegado a un nivel de peligrosidad tal que el pasado 6 de septiembre la mismísima Presidente anunció expresamente que había que tenerle miedo. Peor aún, acto seguido, su séquito aplaudió celebrando el sometimiento a una déspota que cree haber conquistado las voluntades de todo un pueblo…

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